Columna de Jimena Zapata, fundadora y CEO de @genias Así partió una idea genial

Ser independiente es algo que siempre quise. Algo que siempre soñé desde el minuto que decidí estudiar ingeniería comercial. Yo hubiera estudiado algo mucho más humanista, tal vez periodismo, teatro o párvulos, pero sentía que si estudiaba ingeniería comercial, me daría las herramientas para, en un futuro, poder independizarme en lo que quisiera.

Después de trabajar tres años en empresas -con un sueldo fijo, un horario que tenía principio y fin, y muchos beneficios económicos extra- me casé y me fui a vivir por dos años a Boston, EE.UU., donde mi marido haría un MBA.

Cuando renuncié, vi esta ventana llena de oportunidades en mi vida y dije: «A la vuelta me independizo sí o sí».

Me llamaba la atención crear algo propio, tener mi flexibilidad de horario, proponer algo diferente y ser innovadora desde mis motivaciones. Como a mí siempre me han gustado las manualidades, los colores y las cosas visualmente lindas, decidí que de regreso en Chile pondría una tienda relacionada con todo eso, la Tienda Pinic, que tenia cojines, bolsos, banderines, costureros, cintas, y telas, entre otros, muy pensado para el concepto de «hágalo usted mismo».

Me frustraba depender de otro (en este caso de mi marido) para todo lo que fuera económico, sobre todo sabiendo que yo podía trabajar en algo que me diera independencia económica.

La tienda la tuve un año y medio y tuvo muchas gratificaciones. Pero más fueron los costos. Por un lado, fue una propuesta nueva que no se conocía acá; tenía clientas muy fieles, que hasta el día de hoy me preguntan por la Tienda Picnic; conocí a otras emprendedoras que estaban en las mismas; tuve una gran cobertura de medios; fui a muchas ferias; y hasta me gané un Capital Abeja, que es un fondo Sercotec sólo para mujeres.

Sin embargo, los números no daban. Yo no sacaba sueldo y todo lo que ganaba se iba directo a la vendedora. No había suficiente volumen de venta y no veía por dónde podía crecer. Por eso, pasé a depender económicamente de otro (en este caso de mi marido) y eso me frustraba mucho sabiendo que yo podía trabajar en algo que me diera independencia económica.

Así, con siete meses de embarazo de mi primera hija, que cerré la tienda.

Me gustaba la dependencia, pero el trabajo que tenía -o más bien, el que me iban dando- no me realizaba profesionalmente. Al contrario: me frustraba y no me desafiaba en nada.

Todo el trámite de salud de pre y post natal de ese proceso lo viví siendo carga de mi marido (que tenía un excelente plan de salud por la empresa en la que trabajaba), pero había algo adentro de mí que quería independencia. No sólo de salud, sino ¡DE TODO!

Y fue por eso que a los cinco meses de mi hija volví a una empresa, contratada, con sueldo y todo eso estable nuevamente. Era feliz; era un trabajo ideal, con horario flexible, buen sueldo, gente inspiradora y una industria que me fascinaba.

Pero como no todo lo que brilla es oro, a medida que pasó el tiempo ya no estaba tan feliz. Me gustaba ser dependiente, pero el trabajo que tenía -o más bien, el que me iban dando- no me realizaba profesionalmente. Al contrario: me frustraba y no me desafiaba en nada.

Pensé en renunciar, pero me entraban las dudas y de qué iba a hacer en lo económico si no estaba ahí. Quería otra guagua (a esas alturas mi hija mayor tenía casi 2 años), pero me daba susto tenerla nuevamente sin un trabajo estable.

Como muchas veces uno se cuestiona cosas, pero lo inesperado también pasa: me despidieron. Sí, de ese trabajo ideal y soñado. Así, de un día para otro, estaba sin trabajo, sin un plan claro -que, para alguien como yo, obsesiva con la organización, es un tema- y a las semanas de esto, con un test de embarazo positivo en la mano. Realmente no paraba de pensar en qué iba a hacer con mi futuro profesional.

Entonces todo lo que había aprendido hasta ese minuto de mi vida y empecé a tomar decisiones. Y lo primero fue que ni siquiera iba a hacer el intento de buscar trabajo embarazada.

En ese tiempo me reencontré con una amiga pintora que quería que la ayudara con sus ventas, costos y temas administrativos, y me pareció súper interesante y entretenido. Y acepté llevarle sus temas de inmediato. El pago no era mucho, pero estaba bien para lo que necesitaba. Jamás pensé que ese trabajo iba a desembocar en lo que terminé empujando después, que fue Genias.

Mi otra decisión fue que me iba a pagar como independiente en Previred, y aunque me asigné un sueldo muy bajo, sentía que estaba haciendo las cosas bien, sobre todo porque estaba embarazada.

Y la última de mis determinaciones fue que iba a aprovechar esta oportunidad que me estaba dando la vida para entender qué era lo que yo realmente amaba hacer para luego transformar esa idea en negocio.

@Genias es una  plataforma que inspira y empodera  a la mujer en el trabajo. Hacen asesorías personalizadas y talleres a mujeres que están armando su emprendimiento. Tiene un blog, con tips para trabajar mejor, con datos laborales y contenido que inspira.

*Jimena Zapata es ingeniera comercial, periodista y máster en marketing de la UAI. Estudió Color y Decoración en Boston Architectural College. En 2016 empezó a asesorar a emprendedoras y el 2017 fundó Genias

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