Cómo y cuánto cobrar: el dilema de los diseñadores para fijar sus precios

Ser diseñador y freelance, es difícil. En la mayoría de los casos tienen que lidiar con tipos de clientes que no tienen claro lo que quieren o que creen que un diseño es sólo un dibujo y no están dispuestos a pagar las horas dedicadas. Poner precio a un trabajo creativo puede ser abrumador, pero existen métodos que pueden ayudar. Esta es la experiencia de una profesional que a los 26 años decidió dejar los grandes edificios y oficinas al costado para ser independiente.

Por Alison Vivanco

“Lo más complejo de ser freelance, es poner precio a nuestro trabajo”, dice la diseñadora y dueña de la marca “Vértebra”, Sofía Garrido, quien en el año 2015 hizo de su casa su oficina. Explica que tasar sus productos depende de varios factores, como las horas de trabajo, la mano de obra, el costo de los materiales, entre otros.

Como diseñadora, Garrido enseña que tiene dos opciones para saber cuánto cobrar: pedir un pago por el tipo de producto que están pidiéndole sus clientes o fijar una tarifa por hora de trabajo invertida en la realización de un servicio.

Distinguir cada producto

La diseñadora Sofía Garrido y su trabajo en origami.

Dentro del rubro hay algunas tareas que cuestan, en todo sentido, más que otras. En trabajos de fotografía, por ejemplo, explica que cobra por horas de sesión: “Le explico al cliente que dos horas tienen un valor y ese valor incluye la entrega de 30 imágenes, editadas y en alta calidad”. 

Si le piden un trabajo más complejo, sobre todo por la relación que implica con sus clientes, como el diseño de un logo, Garrido explica que lo mejor es partir por juntarse con los interesados y tener un encuentro presencial: “No sirven redes sociales, porque si lo haces de esa forma tu producto parte perdiendo seriedad y la gente cree que se trata de hacer un dibujo nada más”.

Lo correcto, comenta, es tener la cita programada. “De este modo entregamos al cliente una panorámica de lo que vamos a hacer, desde dejar clara su idea hasta detallar todo el proceso para llevarla a cabo, como realizar una investigación, testeo en audiencias, encuestas y otros que toman, al menos, dos semanas. De esta forma los clientes comienzan a entender por qué pagan el precio que pagan por algo que, sin esa reunión, podrían haber considerado como un ‘dibujo’”. 

Cuando se trata de servicios prestados a grandes empresas, por proyectos que se extienden en un periodo prolongado de tiempo, lo que hace es cobrar mensualmente. Garrido explica: “Ese precio que fijamos en mutuo acuerdo incluye todo lo que me soliciten previamente y esto lo mantengo siempre y cuando yo sienta que no es un exceso, o que las condiciones cambian durante el transcurso del trabajo. Lo ideal, en estos casos, es hacer un contrato que especifique sueldo, modalidad de trabajo y otros aspectos necesarios para evitar desconfianza entre ambas partes”. 

Finalmente, cuando los productos que entrega Garrido son tangibles, lo que hace es emplear una fórmula: “Se trata de saber el costo del material y a esa cifra sumarle el valor añadido por mano de obra y originalidad. Muchas veces me preguntan cómo se financia la originalidad. Yo, por ejemplo, hago origami, es una técnica que demoré años en aprender y me entrega una perfección con el paso del tiempo. Partí con figuras de cinco centímetros en papel, ahora estoy en 3,25 centímetros y eso igual cuenta porque no es un arte masivo, no es un producto que encuentres en una tienda y eso define otro valor porque requiere más tiempo”. 

Sin embargo, hacer productos tan originales puede significar fijar precios demasiado elevados, que la gente no está dispuesta a pagar: “Es súper relativo esto, porque terminas cobrando el tiempo que demoras en hacer una pieza. En estas instancias considero la fórmula del costo de mis materiales multiplicados por tres, más una pequeña tarifa que compense las horas dedicadas”. 

El trabajo en origami de Vértebra

Observar la competencia

Otro factor importante para definir el precio de los artículos, es evaluar el mercado. Por un lado, si tu trabajo demuestra tu experiencia y es auténtico, Sofía considera que puedes comenzar a jugar con las fórmulas y relativizarlas según estimes conveniente, en base a lo que has invertido para concretar una obra. 

Por otro lado, “si tus productos los ofrece otra marca, tienes que fijarte no sólo en cuánto cobran, sino también en la calidad de los materiales que ocupan. Puede que ofrezcan lo mismo, pero la calidad de lo tuyo sea superior o inferior. Hay que ser honestos con los clientes, porque así te formas tu cartera”. 

Por último, una equivocación frecuente, que perjudica a todo el rubro, según detalla Sofía, es que “muchas veces los diseñadores caen en el error de cobrar poco porque no saben incorporar en el precio las horas de trabajo, la mano de obra y otros factores que ya mencionamos e inciden en el precio final”. 

Esta práctica de cobrar barato sin saber lo que se está cobrando, devalúa el trabajo de los freelance y el esfuerzo que se aplica en él, dice Garrido. No obstante, existe algo peor y es ser un mal oferente: “Hay muchas personas que entregan logos descargados de sitios webs, por ejemplo, luego los modifican y lo venden como si fuera algo original. Eso pasa mucho, pero cuando la gente comienza a ver que su logo se parece a otro y otro, se da cuenta de que pagó por un mal servicio, desprestigiando a todos los diseñadores”.

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