Historias Pintanina cuenta cómo una oportunidad de capacitación le cambió la vida

Tras recibir una condena Darinka Olivares se unió al negocio familiar de su esposo. Hoy vive en carne propia el fruto de sus estudios y capacitación.

Por Alison Vivanco

Emprender no es fácil, pero en el caso de Darinka Olivares, fue una ventana al éxito. Tras recibir una condena, decidió unirse al negocio familiar de su esposo y hoy ha vivido en carne propia el fruto de los estudios y la capacitación, contando aquí cómo sacó máximo provecho a las oportunidades entregadas por distintas entidades que le han permitido expandirse desde La Pintana a San Ramón y La Florida.

Darinka Olivares tiene 37 años y su esposo, Jorge Llanos, 43. Hace más de una década decidieron comenzar una vida de casados y hoy, con tres hijos, viven juntos en la comuna de La Pintana, lugar donde Olivares se instaló con su negocio.

Como muchas mujeres, Olivares era dueña de casa: mientras su esposo trabajaba ella cuidaba a los niños, pero eso no la hacía del todo feliz. Estaba aburrida y deseaba ser un aporte económico en su hogar. “La familia de mi esposo se dedica al comercio de mote con huesillo y él me dijo que me uniera”, cuenta Olivares. “Yo no quería, pero era la mejor opción para generar ingresos al mismo tiempo que podía cuidar a mis hijos, así que nos decidimos a intentarlo y pusimos un carro justo donde estoy ahora, afuera de mi casa”. 

Recuerda que desde el primer día se enamoró de su emprendimiento: “Estaba nerviosa, pero me gustó porque tuvo harta aceptación con los vecinos. La gente pasaba, miraba y compraba. Vendí unos $20.000 y quedé feliz, así que empecé y no paré”. 

Hace cinco años que empezó esta iniciativa y ahora posee todo lo que necesita para vender mote con huesillo, incluso aprendió a comprar insumos al por mayor. Por lo mismo, quiso mejorar capacitándose: “Yo soy una mujer reinsertada en la sociedad y Gendarmería me ofreció la oportunidad de tomar un curso en la Universidad de Las Américas. Para hacerlo tenía que formalizar mi emprendimiento, así que en agosto del año pasado oficialicé todo”.

El curso tenía que ver con la gestión de su negocio, entonces se dio cuenta de que ella sabía vender mote, pero ahora podía hablar de contabilidad, presupuesto, costos y palabras nuevas que debía incorporar si quería crecer: “Con esto entendí, primero, que mi idea era rentable y segundo, pero no menos importante, que yo como dueña de casa cometía un error tremendo al juntar todos los dineros. Con la capacitación aprendí a administrar, a separar mis recursos y eso me ha servido para la vida en general”. 

Este aprendizaje la llevó a buscar nuevos métodos similares de capacitación: “Fui al municipio de La Pintana, donde me ayudaron a postular al Fondo Germina y quedé. Esto era una capacitación que duraba dos semanas y, al terminar, me pasaron un dinero para mejorar mi emprendimiento. Aquí reforcé desde por qué voy a vender algo, hasta cómo lo concreto”. 

Volver a empezar, pero mejor

Teniendo las herramientas contables y administrativas, Olivares se dio cuenta de que había una arista más que debía incorporar a su estrategia comercial para ser reconocida por sus clientes: “Postulé a otro curso del Sence para mejorar el marketing de mi negocio, en eso me ayudó la encargada de capacitación de la misma municipalidad, Wannia Fuentes. Ahí comprendí la importancia de la digitalización porque creé mi sitio web, potencié mis redes sociales y empujé con fuerza el diseño y posicionamiento de nuestra marca. Ahora la gente sabe que esto no es el mote con huesillo nomás, sino ‘La Nube’. Con este curso ahora mis vasos tienen un logo, mi polera también, la gente identifica mi producto. Al final, no se trata sólo de la venta directa, también de cómo fidelizas a tus clientes e internet ayuda mucho con eso”.

Como su producto es un alimento, investigó al respecto y postuló a otra capacitación para adaptarse a la ley de etiquetados: “Esto estaba dirigido sólo a personas que venden alimentos, se trataba de la vida útil y el envasado de los mismos. Aquí nos llevaron a la Universidad de Chile y los estudiantes que nos ayudaron me entregaron la información nutricional de mi producto y lo mejoraron en cuanto a su calidad. Saber esta información fue súper importante y me impulsó a querer expandir mi negocio, así que ahora no sólo vendo al detalle, también al por mayor en las comunas de La Pintana, La Florida y San Ramón”. 

Finalmente, Olivares identificó que estaba perdiendo potenciales clientes, así que tomó otra asesoría gracias a los cursos de la municipalidad: “Hasta ahora yo vendía mote con huesillo en vasos desechables y cuando pasaban personas a comprar en vehículo se los pasaba sólo con una tapa. Así me di cuenta de que podía estar perdiendo clientes por no saber cómo pasarles el producto sin que se dañe, así que con esta capacitación un estudiante nos está ayudando a crear un posavasos para ampliarme a ese público o a las personas que pasan solas por fuera de mi casa y quieren comprar más de un vaso”. 

La Nube es ahora un negocio completo, a parecer de ella: “Lo digo porque financieramente es rentable, también cumple con los estándares de calidad y nutrición, en cada vaso le digo a mis clientes qué están consumiendo, los vecinos nos reconocen como marca y, además, seguimos buscando soluciones y oportunidades para crecer”.

El emprendimiento pintanino ganó hace pocos meses un fondo de Sercotec que le entregará a Olivares más de cinco millones para adquirir dos carros más. Como ya cuenta con el apoyo del municipio pretende instalar uno a las afueras del teatro de La Pintana y el otro aún lo está pensando. Esto la ayudará a cumplir con las expectativas que ha tenido durante toda su vida con Jorge: “Mi esposo trabajó 10 años en Metro, gestionó su salida y en junio pasado lo finiquitaron. Siempre hemos querido ser independientes, dueños de nuestro propio tiempo y ahora podemos hacerlo gracias al negocio familiar. Nunca imaginamos que podríamos llegar a ferias y almacenes y poco a poco lo vamos logrando”.

El modelo de negocio le permite a Olivares ser parte del régimen tributario simplificado, “eso quiere decir que pago IVA cada tres meses y tengo un cartón del Servicio de Impuestos Internos colgado en el carro que dice que estoy formalizada, pero no emito boletas porque soy pequeña contribuyente. Aunque no cotizo, ahorro para mi futuro de forma personal. Cada semana guardo $30.000 en el banco porque claro que nuestro futuro nos importa. Ahora soy feliz, tengo mi fuente de ingresos, veo a mis hijos y disfruto con mi esposo algo que une a toda la familia».

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