Mujeres Freelance Empresaria cervecera por accidente

La vida de Matilde Strange tuvo un giro radical a 62 años, cuando su hija le cedió un curso para aprender a hacer cervezas que a último momento no pudo hacer. Ese taller la posiciona hoy como una exitosa emprendedora.

Matilde Strange tiene 64 años, es ingeniera civil y en 2017 decidió dejar definitivamente las oficinas para dedicarse a emprender: “Estuve trabajando en construcción mucho tiempo, andaba metida en medio de fierros y cemento, así que quería encontrar una vía de escape y decidí, en el año 2000, comprar una parcelita en Olmué para descansar. Ahí pasó que, por unos amigos apicultores, se me ocurrió llevar abejas para hacer negocios”, cuenta.

Su idea comenzó con 40 cajones para polinizar que compró y 40 que le regaló su mamá. Asegura que aprendió en terreno, porque no tuvo mucha teoría, pero con la práctica empezó a entender todo: “Ahora sé que cuando el año es lluvioso, la floración es buena y si hay buena floración, las abejas se reproducen más durante agosto. Llegué a tener 200 cajones”.

Strange habla en pasado, porque luego de prestar sus cajones para polinizar, se los devolvieron totalmente vacíos. Fue una pérdida que la golpeó duramente: de todos sus cajones, solo se quedó con dos y no recuperó su dinero. Sin embargo, gracias a la experiencia y la práctica de todos estos años, ha intentado reproducirlos y ahora cuenta con 40 cajones que le sirven para producir miel, aunque su idea principal es exportar abejas reina en el futuro, cosa curiosa considerando que es alérgica a las picaduras de abeja: “He estado dos veces en urgencia y una vez hasta me tuvieron que poner oxígeno, porque un gato pasó a llevar un cajón que se cayó y ahí salieron todas las abejas disparadas. Quedé re mal, pero no les tengo miedo. Me fascinan”.

Pero el destino de Strange cambió radicalmente cuando su hija quedó embarazada y una nueva idea de negocios surgió por sorpresa. “Ella, por hobby, había contratado un curso para aprender a hacer cerveza, pero justo se embarazó y ya estaba todo pagado, así que me pidió que lo tomara yo, porque ella no podía por los olores de las maltas y el alcohol. Esto fue en el año 2016: ahí tomé el curso inicial, donde me enseñaron lo básico, pero me motivé y en el 2017 hice otro más avanzado, donde aprendí qué cervezas puedo preparar, qué maltas debo usar, qué levaduras, etcétera. Este curso era mucho más completo y de ahí me puse a producir”, detalla la emprendedora.

Un día se juntó con un grupo cervecero a poner a prueba su producto. Entre 180 participantes, su cerveza se adjudicó el puesto número 20: “Sé que si las mando a participar, ganarían algo, porque los que prueban, siguen siendo mis clientes después. Esto lo sé porque el negocio partió de la nada. Yo fabricaba para mi familia y ellos le dieron a sus amigos, y sus amigos me empezaron a pedir y a contar a más personas. Fue un boca a boca, no me di cuenta cuando empecé a fabricar más y en grandes volúmenes. Entendí que podía emprender con esto cuando los instrumentos me quedaron cortos para todo lo que estaba fabricando”.

Un largo proceso

El proceso para hacer la cerveza se demora un mes, por lo que el trabajo no es sencillo. Hacer una cerveza consta de una semana de fermentación, otra de maduración y dos semanas de carbonatación. Recién luego de eso se puede servir. Relata que “si se prueba antes de todo ese proceso, puede que tenga sabor a cerveza, pero va a estar desvanecida. Además, no es llegar y hacerlo, porque aparte de las ollas y un fogón especial -que no puede tener contacto con nada, porque la cerveza se contamina muy fácil-, se debe tener un espacio totalmente oscuro para guardar las maltas selladas y que fermenten bien”.

Ahora, con dos emprendimientos, Strange sabe que cuando la temporada de miel baja, cuenta con cerveza, lo mismo viceversa, por lo que tiene un doble sustento que se suma a su pensión. Por su edad, ella jubiló a los 60 años y optó por complementar su jubilación con estos dos oficios. Ella tiene claro que cuando la temporada de miel baja, cuenta con el sustento de la cerveza y viceversa. Sin entrar en detalles, asegura que ya no necesita hacer cosas extras, por haber ahorrado durante su vida laboral activa.

Como se dio cuenta de que los negocios de “Cerveza Strange” y “Colmenar alitas de miel” iban creciendo, decidió tomar un curso de marketing digital a través del Sence, para fortalecer su negocio y atraer más clientes: “Llegué al curso porque un amigo dirigente social, de la comuna de Santiago, siempre nos avisa de las distintas oportunidades que hay y me contó que estaban ofreciendo un curso de marketing en la Universidad de Santiago de Chile. No lo pensé mucho y fui a inscribirme, pero pasé por el negocio de las abejas, porque con el tema del alcohol nadie me apoya mucho. Lo importante es que ahí aprendí que puedo llegar a más gente usando las redes sociales. No manejo mucho internet, pero aquí aprendí la importancia de digitalizarme, porque con esto la gente puede saber cuál es mi marca y el profesor también me dio una lista donde podía llevar mi cerveza. Me ayudaron a crear una cartera de clientes”.

Cada botella de 330 cc. tiene un precio de $2.000, pero también vende barriles de cerveza. El de 30 litros cuesta $90.000 y el de 50 litros $125.000, ambos vienen con una máquina shopera y el CO2 que impulsa la cerveza para que ser servida. También cuenta con barriles de cinco litros que valen $30.000 y sus clientes pueden recargarlos por $15.000.

Con estos dos emprendimientos, Strange se liberó de hacer trabajos como ingeniera civil: “Ya no quiero más, porque ahora trabajo para mí, con mi tiempo. De repente hago trabajos asociados a mi profesión, pero esto me encanta, me gustan mucho las abejas y las cervezas fueron algo inédito que llegó a mi vida por suerte. Esto me tiene contenta. Hace dos años que no piso una oficina, puse mi escritorio en mi casa y dejé de depender de otras personas para generar dinero. Hoy me siento feliz, porque me di cuenta de que mi esfuerzo es mi ganancia”.

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