Historias La inyección de queso que cambió la vida de una familia

Una hamburguesa inyectada con queso cheddar. Ese es el secreto de Virginia’s Burger, un restaurante de hamburgesas en Vitacura que lidera Arturo Abarca, un joven periodista de 24 años, quien junto a su familia acaba de lograr una alianza con una franquicia internacional sin haber sabido nada de cocina cuando partió.

A Arturo Abarca, periodista de 24 años, siempre le ha gustado la comida y por lo mismo decidió alejarse de las comunicaciones para dedicarse al rubro culinario. “Siempre tuve un rollo con la comida, me encanta”, dice el dueño del restaurante Virginia’s Burger, ubicado en Vitacura.

Su historia comienza cuando aún era estudiante. En ese tiempo, encontró motivación hablando de comida en sus redes sociales: “Me gustaba mucho mostrar lugares en mi cuenta de Instagram para que mis amigos pudieran ir. Lo que hacía era exhibir dónde me gustaba comer”.

Sin notarlo, los recorridos de Abarca lo llevaron a interiorizarse en el funcionamiento de los distintos restaurantes, por lo que decidió arriesgarse en un emprendimiento junto a su familia: “Me acuerdo que en la universidad me mandaron a hacer un artículo de food trucks al lado de La Moneda. Esa fue la primera vez que vi estos carros de comida en Chile y me gustó; me enamoré de los colores, de las formas de los vehículos y le terminé diciendo a mis papás que tomáramos el riesgo e hiciéramos algo de ese estilo”.

De alguna forma, Abarca convenció a sus padres de comprar un food truck. Todos los ahorros de la familia se juntaron para poner en marcha el proyecto que sería una hamburguesería rodante. “Fue muy rápido. Considerando que existe un gran mercado dedicado a lo mismo, le dije a mis papás que teníamos que hacer algo que nos diferenciara del resto de las cadenas y se me ocurrió que podíamos inyectarle queso cheddar derretido a las hamburguesas”, recuerda.

El emprendimiento familiar debutó con bombos y platillos en mayo de 2018, en un encuentro culinario en la Casona Santa Rosa de Apoquindo, en Las Condes. “Llevamos nuestro food truck y nos dimos cuenta de que nuestro producto la estaba rompiendo. El evento, que duró tres días, fue cubierto por algunos canales. Salimos en vivo en Mega y en Canal 13, en el noticiero de la tarde y de la noche. Esto pasó un viernes y los dos días siguientes tuvimos fila. Todo el mundo quería probar la inyección de queso. Ahí nos dimos cuenta, como familia, de que nuestro negocio era rentable”.

Arturo Abarca junto a su familia, a cargo del emprendimiento.

Comer en tiempos de Instagram

Con lo que aprendió estudiando periodismo, Arturo Abarca se dedicó a que el emprendimiento no sólo ofreciera comida, sino una experiencia: “La diferencia entre el resto de las hamburgueserías y la nuestra era la inyección, que por sí sola invitaba a la gente a compartirlo. Cuando un comensal ve que inyectan queso en su hamburguesa, con una jeringa gigante, automáticamente toman su celular y comparten la experiencia en sus redes sociales. Es instagrameable, la gente quiere registrar el momento exacto en que el queso entra y comienza a escurrir. La publicidad la hacían ellos”.

Gracias al boca a boca, el food truck que se dedicó a recorrer diversos espacios de la Región Metropolitana se hizo chico. La familia de Abarca decidió arriesgarse y en mayo de este año abrieron un restaurante en Av. Vitacura 7261. “Acá están los ahorros de una familia entera, de mis papás y nosotros, sus hijos. Nuestra gracia es que ni uno de nosotros sabe de cocina, nadie está ligado al mundo gastronómico, por lo que ha sido una batalla súper entretenida y bonita, aprendiendo en el camino”.

Hoy, el emprendimiento que además del restaurante mantiene el food truck, entrega trabajo a 18 personas, entre garzones y cocineros, que se dividen en dos turnos de trabajo. “Hemos aprendido todo, nos importa que nuestros trabajadores reciban su sueldo, tengan sus cotizaciones al día y, además, piensen en su vejez”, dice él, quien admite que por ahora no cotiza y está ahorrando en el banco. “Está todo en orden. Eso es algo que jamás imaginamos que podríamos hacer, pero lo logramos y nos ocupamos en su bienestar”, asegura Abarca, agregando que “nunca ideamos que nuestro emprendimiento llegara a dar trabajo a personas que están totalmente comprometidas con nosotros, como familia. Creo que todos entendemos que sólo trabajando juntos podemos tener en pie el restaurante”.

En sentido, comenta también que tener trabajadores a su cargo no es tarea fácil. «Con las movilizaciones que ya cumplen un mes, hemos tenido que idear estrategias para mantener las ventas. Como a todos los locatarios, esto nos ha golpeado fuerte y hemos tratados de lanzar promociones, aun cuando ganemos menos que antes, porque tenemos sueldos que pagar. Asimismo, el toque de queda nos afectó fuerte, porque debíamos cerrar temprano y eso alteró el flujo normal de clientes. Además, como las cosas están difíciles también nos hacemos cargo de que nuestros garzones y cocineros lleguen bien a sus casas. Nuestro restaurante queda lejos de sus hogares, sabemos que queda lejos, no podemos ser indiferentes a eso ni al despertar social, creo que los trabajadores sienten y valoran eso», zanja el periodista.

El restaurante familiar está ubicado en la comuna de Vitacura.

Innovación y crecimiento

Como la idea de la inyección prosperó, pero se popularizó demasiado, Abarca sintió que tenía que volver a revivir la curiosidad en los comensales. Eso lo llevó a generar una alianza con Dunkin’, la cadena de donas con presencia a nivel mundial: “Cuando nos propusimos lograr esto, quisimos que Virginia’s Burger fuera una marca muy potente, ligada a la innovación. Siempre pensamos que sólo innovar nos traería el reconocimiento, así que quisimos hacer algo más rebuscado. Hoy tenemos una hamburguesa que se sirve entre dos donas glaseadas de Dunkin’. Esta idea la comenzamos sin ellos, pero cuando se enteraron de que servíamos una hamburguesa que reemplaza el pan por donas, nos contactaron y nos ofrecieron la alianza que, por supuesto, aceptamos”.

La marca de la familia de Abarca, que sigue en crecimiento, tiene claro su objetivo: apuntan a los adultos jóvenes, se centran en aquellas personas que están abiertas a descubrir nuevos sabores y por lo mismo constantemente están presentando nuevos productos en su carta. “La idea es seguir creciendo, tenemos las ganas de expandirnos -como empresa- a otro tipo de gastronomía, pero siguiendo la misma línea que hasta ahora hemos mantenido con mis papás y mi hermano”, sentencia Abarca, remarcando la importancia de su familia en una historia que desde el año pasado está en permanente construcción.

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