Mujeres Freelance Lovelust: la marca de lencería femenina que busca derribar estereotipos

Hace diez años, Paula Labra, dudaba si dedicar todos sus esfuerzos a su carrera de fotógrafa o en la tienda de ropa interior que creó. Cuando descubrió que el emprendimiento ayudaba a mejorar la autoestima de sus clientas, dejó la cámara en segundo plano. Actualmente es la creadora de una marca de ropa interior que busca que la talla no sea impedimento para que cientos de mujeres se sientan seguras, cómodas y libres.

Paula Labra (37) es fotógrafa de pasarela. En todos los Fashion Weeks que se han hecho en Chile, ella ha estado con cámara en mano registrando las apuestas de diseñadores consagrados y modelos que cumplen “el estereotipo de la mujer flaca”. 

Fue en algún viaje tras trabajar en la Semana de la Moda que tuvo la idea de armar su emprendimiento dedicado a la venta de ropa interior, pero decidió posponerlo porque pensó que era una mala idea. “No hice nada en ese minuto”, cuenta, agregando que tiempo después y de “tincada”, sin estudio de mercado, le pidió a un amigo que le encargara ropa para vender. Fueron 83 dólares de la época los que Labra invirtió para armar Lovelust, hoy una reconocida marca de lencería femenina .

“Le dije a un par de amigas y les empecé a preguntar si les gustaba la idea de traer lencería, todo fue muy en el aire” recuerda Labra, resaltando su gusto por la ropa íntima. Pero como reconoce, “lo que me pasa a mí, también le pasa a otras mujeres: no encuentro de mi talla”.

Fue así como se comprometió a contar con la mayor cantidad de tamaños posibles en todos los productos que importara. En un principio, trajo un par de bralettes y calzones, los cuales se fueron vendiendo gracias al boca en boca. Sus primeras clientas fueron sus amigas, quienes se probaban las prendas en un pequeño dormitorio que habilitó como probador en su departamento, mientras seguía editando alguna fotografía. 

Pese a que el startup logró una gran acogida, durante cinco años tuvo la marca “botada”, siempre privilegiando su carrera como fotógrafa. “Para mí era un negocio aparte. Obviamente, no tenía el cariño que hoy le dedico, que estoy al 100%. Tuve un minuto difícil en que tuve que decidir si le dedico el tiempo o no”, recuerda.

Para cuando decidió tomar las riendas, la emprendedora admite que “se fue con todo”. Aprovechando que se movía en el circuito de la moda, comenzó a replicar el mismo trabajo que realizaba para sus clientes: catálogos, producción de moda e incluir modelos. 

“Como yo trabajaba en los Fashion Week, hice algunos canjes con mi jefe: tú me dejas pasar mi desfile y yo te pago en fotos. Mi marca, cuando nadie la conocía, estuvo en las pasarelas más importantes de Chile. Cerraba Rubén Campos y mi desfile era el anterior al de él. Tuve esa oportunidad por mi propio trabajo”, expresa. Si bien la cámara la dejó en segundo plano, reconoce que la fotografía le entregó “mil oportunidades”. “Yo soy súper busquilla y veía de qué forma hacer crecer a Lovelust”. 

Derribando estereotipos

Junto con iniciar venta online a inicios de la década, Paula Labra dejó de lado el maniquí que compró en Patronato para incluir a mujeres que modelaran sus productos. La primera modelo de Lovelust, según ella, cumplía con todos los estereotipos de la industria: alta, flaca y rubia. “En la página subía todo el catálogo con ella que era talla S y la gente reclamaba por qué no traíamos talla ‘de chilena’. Fui muy lenta en muchas decisiones”, lamenta.

Fue tras un viaje cuando descubrió la idea que le dio un renacer a su emprendimiento. “Vi una campaña de publicidad increíble en Nueva York de una marca de lencería que tenía mujeres de diferentes tallas. ¡Qué cosa más hermosa! Me acuerdo que lo ví y se me pararon los pelos de punta. Me preguntaba por qué no lo hice antes, por qué yo no tomo esas fotos si puedo hacerlo, yo puedo decidir con quién trabajo”.

Labra dio el primer paso: organizar un casting para contar con su primera modelo talla L. “Ella me permitió representar a una parte de mis clientas porque hay tantos cuerpos, tantas alturas, que con alguna te tienes que identificar. Yo puedo estar eternamente tomando fotos a mujeres y siempre va a haber alguna que todavía no represento”.

Labra confiesa que el proceso de abrir espacio a modelos no convencionales le significó un “proceso de deconstrucción super fuerte. El momento en que empecé a hacer fotos de otro tipo fue complejo, porque pensé que la podía estar cagando”. 

Incluso, cuando iba a subir las fotos de la modelo talla L, Paula recibió un comentario directo de una colega: “ Me dijo ‘Qué raro eso, que feo. Si publicas fotos con modelos así yo no voy a trabajar más contigo’. Imagínate. Yo estaba con muchas dudas y al final elegí mi camino. Me di cuenta que algo estaba mal”.

El abrir las puertas a nuevas modelos también significó empoderar a sus mismas clientas, quienes se ofrecieron a posar en su tienda. “Cada vez que alguna clienta viene y me dice que quiere fotos se convierten en mis ídolas. Yo no lo puedo hacer, yo no puedo estar del otro lado de la cámara”. 

Entre las mujeres que se han atrevido a posar por un día, son varias las que recuerda con atención. Una de ellas es Tamsin, a quien conoció durante la histórica marcha 8M en 2019. Ella tiene diversas quemaduras en su cuerpo y, pese a las cicatrices, protestaba por la Alameda con un estilo que a la fotógrafa le encantó. “Estaba parada con una polera chiquitita, con un rapado, ondera, me encantaba su look. A ella le daba lo mismo estar quemada, mostraba sin tapujos su cuerpo. Yo la miraba y pensaba que esa mujer era lo máximo». 

Tras convencerla en plena marcha para que participara de la sesión, ambas intercambiaron sus números telefónicos. “A la semana me escribió algo que no se me va a olvidar: ‘Yo sé que no soy el ejemplo de la mujer deseable que uno ve en publicidad’. Después de la Tamsin, ya no tengo miedo de nada”.

Otro caso es Natalia, quien le escribió como clienta habitual para participar. Ella padece cáncer de mamas.  Labra, quien años atrás tuvo la idea de fotografiar a una amiga cercana con cáncer a los huesos y que falleció antes de concretar la sesión, se dispuso a tiempo completo para sacar adelante las fotos. “Ella está chocha con lo que hicimos. Si llegara a pasar algo y esperemos que no, ella se atrevió y tuvo su día de modelo. Hasta me conseguí a la Renata Ruiz quien vino a darle clases de modelaje, le creamos toda una experiencia”.

Frente al avance de lograr convertir la compra de ropa interior en una buena experiencia y no en una crisis de seguridad, Labra dice: “El mundo nos ha enseñado que sentirse bonita es una cosa y que tenemos que estar dentro de lo que nos imponen. ¿Por qué teníamos que ser bonitas antes que inteligentes? Yo misma he aprendido en este tiempo porque para mí era normal criticar el cuerpo de otras. Las mujeres somos más que una talla”.

Nuevos pasos

Hoy, Lovelust goza de una constante clientela tanto en la tienda física ubicada en Parque Bustamante como en todo Chile gracias a la venta online. Entre las decisiones que le han permitido gozar de estabilidad, Labra explica que sin un administrador nada sería igual. En los últimos 10 años, al menos en tres ocasiones estuvo a punto de quebrar. 

-¿En qué errores caíste?

-Instalé una tienda gigante en Alonso de Córdoba. Primero, ni siquiera era mi target. Puse la tienda sin conocer el lugar. Cuando yo tenía tiempo me iba a dar una vuelta. En el fondo, fue puro perder plata. De ahí me fui a Providencia donde estuve 3 años. En 2014 tuve que cerrar por una crisis económica, año en que decidí probar suerte con la venta online.

Actualmente, el 70% de sus ventas son por Internet y el resto proviene de la tienda, la cual es el espacio para que las clientas vayan a probarse y así después puedan elegir sin problemas desde el teléfono. Actividades como el Cyber Day le permitieron sobrevivir a los problemas derivados del estallido social. 

“En noviembre tuvimos que tirar descuentos todo el mes. Todas las tiendas que se salvaron fue porque tiraron descuentos, no había otra opción. Nosotros no vendemos tanto en navidad, pero nos fue bien”, cuenta. 

Para 2020, Lovelust espera fortalecer la venta online, dando inicio al despacho gratuito de sus productos a todo Chile. “Estamos probando si es algo que podemos mantener a largo plazo. En Estados Unidos todos los negocios tienen envío gratis, nosotros queremos tratar de hacer eso. Es difícil”. 

Con la estabilidad de su negocio, Labra también reorganizó su situación previsional. “Durante años no lo hice por ser independiente, así que yo estoy súper atrasada en comparación a mis amigas que trabajan desde que salieron de la universidad”. Desde los 30 años que la fotógrafa cotiza, pero es autocrítica de con tardía decisión “Creo que fue un error no cotizar de antes, uno intenta ahorrar, pero parece una utopía, nadie lo hace porque sientes que esa plata la estás perdiendo”. Actualmente, cuenta con liquidaciones tras autocontratarse en su empresa.

-Si pudieras decirle algo a tu yo de hace 10 años que no estaba tan comprometida con el proyecto, ¿qué le dirías?

-¡Ay, qué manera de perder el tiempo!

Labra se emociona, está por llorar pero intenta contener las lágrimas.

-Es tan bacán lo que descubrí con Lovelust que también me ayudó a superar mis trancas con mi cuerpo, me ha servido para soltar cosas. Si puedo ayudar a otras mujeres por qué no lo puedo hacer conmigo. Cuantos años perdidos que pude haber ganado con esto. Para mí, esto es más que un negocio, definitivamente. 

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