Marlene Pérez La vida de una actriz de doblaje

De profesión es periodista, pero su pasión fue más grande. Marlene Pérez va a cumplir seis años dedicada al oficio de actriz de doblaje, convirtiéndose en la voz de personajes de diversas series y teleseries populares entre el público chileno y latino.

Marlene Pérez (33) es actriz, pero ella no sale en pantalla. Tan solo con su voz logra dar vida a personajes de películas, series o novelas, tomando diálogos traducidos de otros idiomas siempre intentando respetar el sentimiento del intérprete original.

Su entusiasmo por este oficio comenzó por una simple frase que escuchaba durante sus tardes de infancia.  “Mi primera noción de que el doblaje era un trabajo fue cuando era muy chica. Estaba viendo monitos y al final de los créditos de Garfield salía que fue ‘doblada al español en Santiago de Chile’. Ahí supe lo que quería hacer en mi vida”.

La curiosidad de Pérez siguió creciendo con los años. Fanática del anime en su adolescencia, a medida que miraba series dobladas en México ella las comparaba con las voces de los VHS que le llegaban desde España.

Tiempo después, pese a que su sueño era forjar una carrera como actriz o cantante, ella tuvo que optar, bajo las presiones de sus padres para “estudiar una carrera de verdad”. Pérez se inclinó por ingresar a la carrera de periodismo.

Tras egresar en 2009, Pérez trabajó en una universidad, pasó por la sección Tendencias de La Tercera, para luego trabajar en el área de la publicidad. “Tenía 25 años cuando me dí cuenta que existía una escuela en Chile que se llamaba ProVoz donde te enseñaban el oficio de actor de doblaje”. Ahí, todo tomó sentido.

Del periodismo al micrófono

Luego de conocer la existencia de la escuela de doblaje, Pérez se demoró un tiempo en tomar la decisión. “Cuando tuve la oportunidad de estudiar, se alinearon los planetas. En mi trabajo me dejaban irme unos minutos antes para tomar clases vespertinas”, recuerda.

Durante su paso por ProVoz, la actriz optó por un curso intensivo de tres meses. Ahí, gracias a la tutela de maestras como Rosario Zamora, una de las primeras doblajistas en el país, dio sus primeros pasos en el oficio.

Pérez agrega: “La escuela te da la base, el resto es de uno: estudiar mucho, ser receptivo a las direcciones del director, buscar la historia o escenas del personaje que te toca interpretar. Nosotros tenemos que respetar al máximo la versión original”.

Posterior a finalizar sus clases, la doblajista admite que comenzó la etapa más difícil:  “Al principio trabajaba a tiempo completo como periodista y, saliendo de mi pega, comenzaba a tocar puertas para entrar a este mundo porque nadie me conocía”.

Entre las anécdotas que conserva, Pérez recuerda que su primer trabajo fue en la serie “Orange is the New Black” apoyando en los rellenos, es decir, las conversaciones que se escuchan detrás, casi imperceptibles para el público. “El cliente pide esos detalles, desde un saludo hasta un grito”, explica.

Así fue como se fue ganando la confianza de los directores para empezar a ingresar a producciones más grandes. Así le llegaron trabajos en la telenovela turca “¿Y tú quién eres?” o docu-realitys como “Cake Boss”. Pero entre los personajes que han marcado su carrera está el de “Akko”, de Little Witch Academia, anime transmitido por Netflix, y que vino a cumplir su sueño de infancia de doblar animación japonesa.

Su interpretación en la serie de streaming la llevó a participar de una convención en México en 2018. Durante su paso por la capital azteca, Pérez firmó autógrafos, realizó “meet and greet” y compartió con los fanáticos de la serie que veían en ella el reflejo de su personaje favorito.

“El doblaje es amor”

En noviembre próximo, Pérez cumplirá seis años dedicada a ser actriz de doblaje, los dos últimos a tiempo completo. En su experiencia, ella sabe que ser freelance en el área artística es duro, pero a la vez apasionante.

“El doblaje es amor, porque tampoco paga muy bien. Te puedo dar por firmado que hoy nadie puede vivir del doblaje en Chile, siempre hay que combinarlo con algo más” explica. En su caso, ella también ejerce como locutora comercial y es parte del panel estable del programa Mouse de La Tercera.

Con una carrera estable en el rubro, Pérez es consciente de la importancia de ahorrar para el futuro. “Parte de ser freelance es pagar tu propia salud, tu AFP. Uno tiene que considerar en el gasto mensual esas cosas que tal vez, como persona contratada, uno se olvida”.

“Por suerte yo siempre he sabido ahorrar, desde chiquitita cuando comencé a trabajar a los 19 años. Siempre me preocupé de tener ‘mi colchón de ahorro’ por si me pasaba algo. Ser una persona precavida me permitió dedicarme al doblaje. Si bien, tuve momentos complejos cuando partí, mis ahorros me permitieron sustentarme”.

En relación a los problemas que se encuentran en este oficio, Pérez explica que hay que saber cuándo aceptar una oferta laboral. “Hay algunos que incluso quieren grabaciones gratis”, dice. “Existe gente honesta que valora lo que hacemos y yo tengo la responsabilidad y tranquilidad moral de poder decir no, de decir que este es mi trabajo y cobro por ello. Si no tomo esas decisiones, podría perjudicar a otros compañeros de oficio”.

Lo otro complejo de su carrera en el doblaje es el cuidado de las cuerdas vocales. “A veces, uno se compromete con proyectos de larga data, grabando seis meses la voz de un personaje. Imagínate que me enfermo y debemos sacar sí o sí al personaje. Es algo que puede pasar y uno tiene que saber tomar las medidas para cuidarse”.

En ocasiones más duras Pérez ha llegado a quedarse sin voz, por lo que se somete a una recuperación silenciosa: “Debo esperar callada tres o cuatro días. Uno vuelve media coja al estudio tras el reposo, grabo y luego me vuelvo a callar hasta sanarme”.

De todas formas, la actriz recalca que poder vivir del doblaje es un sueño hecho realidad: “Todo lo que hago es con amor, uno se involucra en los personajes, en sus historias. Estoy feliz de estar dónde estoy, donde siempre soñé”.

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