Historias El barbero del barrio Lastarria: relato de un emprendimiento en crisis

Al estar ubicado en un sitio popular dentro de la capital, la contingencia social impactó en las ventas del emprendimiento que Alberto Vásquez soñó desde temprana edad, cuando su madre le inculcó el gusto por el oficio. Aquí, su historia.

El primero de diciembre Vikingos Barber Club, la barbería dedicada exclusivamente al aspecto físico en los hombres de Alberto Vásquez (39), cumplió cuatro años desde su instalación en el barrio Lastarria, uno de los puntos turísticos más visitados en Santiago. Pero su dueño tiene claro que “no son tiempos para celebrar”.

Al igual que otras pymes, Vásquez se ha visto impactado económicamente con las movilizaciones del 18-O, llegando a bajar las ventas en cerca de un 70%, perjudicando un proyecto que comenzó a tomar forma desde pequeño en la comuna de Maipú, donde él vivía junto a su madre María Angélica Campos, peluquera de oficio, a quien tenía que acompañar desde temprano a la peluquería “Angie”, emprendimiento familiar ubicado en Padre Hurtado donde cultivó su gusto por el oficio.

Acostumbrado al olor de la laca y a las canciones cebolla de radios AM, Vásquez siempre buscó ser un aporte para su mamá: “En esos tiempos yo ayudaba a lavarle el pelo a las señoras, era algo que me gustaba hacer”. Cuando tomó conciencia de la profesión, comenzó a notar las diferencias de género entre quienes visitaban el lugar. “Mi mamá me decía que eran las mujeres las que dejaban la plata, que no era rentable atender a hombres”, recuerda. “Es más, me fijé que los hombres eran el cacho como cliente, eran mal atendidos, siempre trataban de cortarle el pelo lo más rápido posible y sin preocupación”.

Ese fue uno de los argumentos que lo llevó a estudiar técnico en barbería a los 20 años en el Instituto Faúndez, gracias a los ingresos que entregaba “Angie”, el salón de su madre.

Antes de ser dueño de “Vikingos”, Vásquez, quien dice ser parte de una familia de emprendedores, siendo reflejo de ello que los nueve hermanos de su madre son dueños de algún tipo de tienda, decidió a temprana edad incursionar en una peluquería canina e incluso en una panadería. No fue hasta cuando tenía 35 años que decidió vender todas las máquinas y artículos de sus negocios para “instalar la barbería que soñaba”.

Mesa de pool, música rock y más

“Cuando quise incursionar en el rubro me prometí crear un servicio de primer nivel, eso significó tiempo, dedicación, comprometerse con el cliente dejando su pelo lavado y peinado, que salga casi con la pinta con la que esa persona se iría a casar”. Bajo ese ideal, el ya experimentado emprendedor decidió trabajar en su local.

En diciembre de 2015, Alberto Vásquez se instaló en un pequeño departamento en el barrio Lastarria para retomar el oficio peluquero. “Empecé con un local de 15 metros cuadrados en un tercer piso que miraba hacia al patio del edificio”, explica.

Para lograr atraer a su público ideal, el emprendedor decidió incursionar con lo que, según él imaginaba, todo hombre quisiera contar en ese espacio: una mesa de pool al centro de la tienda, música que transita desde los Rolling Stones a Los Prisioneros y cuadros de Rocky Balboa que adornan la barbería, mientras que los peluqueros se encargan que todos los que pasan por “Vikingos” se vayan probando una nueva aceite en su barba, con su ropa limpia sin preocuparse de alguna huella que demuestre que estuvieron ahí.

El servicio tuvo tal impacto que un año después de la inauguración, Vásquez y su equipo se movieron hacia dos departamentos del mismo edificio que están “mirando” hacia la calle. “Fue un crecimiento súper grande porque hicimos las cosas bien, dando mucho valor agregado a la atención. Logramos generar un promedio de 25 clientes por día”, describe.

A la par de su negocio, Vasquéz dicta clases de barbería en el Internado Nacional Barros Arana (INBA), institución que se encarga de pagar sus cotizaciones. “La verdad es que en un principio no me preocupaba, uno no sabe cómo pagar. A medida que pasa el tiempo y uno se pone más viejo, va tomándole el peso. Ahora sé que es necesario pensar en el futuro”.Por ahora, es la único forma en que ahorra. La crisis ha hecho que sus esfuerzos se enfoquen en sacar adelante su barbería.

Luego de las protestas del 18 de octubre, su negocio comenzó a tener severos problemas por la baja en las ventas. Los primeros días de crisis, la barbería de Vásquez se mantuvo cerrada. Vikingos está ubicada “a cuadras de Plaza Italia y Lastarria es utilizada como una vía de escape a las marchas”.

“Normalmente atendemos de 11 a 21 horas, pero las últimas semanas cerramos a las 17 horas porque los chicos que trabajan conmigo se quedan sin locomoción y nuestros clientes cancelan sus citas porque cierran el metro. Se nos muere el día”, afirma Vásquez, quien agrega que los mejores días de atención eran viernes y sábado. Este último fin de semana solo ingresaron dos clientes al local.

El símbolo que para Vasquez representa la actual crisis que vive su negocio está relacionado con un utensilio común en la barbería: “Yo me llevaba 30 toallas para lavar a mi casa todos los días, y eso que ocupo 2 por cliente. Ahora me llevo las bolsas con las toallas sucias cada 4 días. Es una reacción en cadena”.

Los problemas económicos que el emprendedor enfrenta lo llevaron a reducir su planta de colaboradores. Hasta noviembre, eran cuatro personas ejerciendo en el local, pero “es insostenible tener más trabajadores. Acá los chiquillos ganan a porcentaje, cómo está tan malo uno de ellos no aguantó y se fue”.

Decisiones ante la crisis

Pese a la baja en las ventas y la renuncia de dos de sus colaboradores, Vásquez está negociando un descuento en la paga del arriendo para mantener la barbería. “Estoy conversando con la dueña del departamento para que me haga una rebaja, haciéndole entender que su negocio está ubicado en el mismo lugar en el que trabajo y, tras 45 días de protesta, no vale lo mismo. La gente no está yendo al barrio”.

Ante la crisis, el dueño de “Vikingos” está seguro que “cuando esto se calme el barrio va a resurgir de inmediato, es un barrio precioso con mucho atractivo”. Luego agrega: “Igual creo que como en toda revolución, tiene que haber gente que lo pase mal, pero todo esto es en favor de que crezcamos como país. Yo y la gente con la que trabajo vamos a luchar hasta que pase”.

Al recordar el cuarto aniversario de su barbería, Vásquez prefiere mantener el optimismo y no “botar todo a la basura”, recordando su más de 15 años dedicados al emprendimiento: “Nunca ha sido fácil, siempre hay altos y bajos, justo cuando estaba estable pasan cosas así, pero hay que saber afrontar estas situaciones”.

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